El dengue continúa su avance en México, con un incremento preocupante en el número de casos y siete muertes confirmadas en lo que va del año. Al 13 de julio, la Secretaría de Salud federal reportó 126 casos de dengue grave, además de mil 648 casos con señales de alarma y mil 400 casos no graves, según el Panorama Epidemiológico de Dengue.
Los estados con mayor incidencia son Sonora, con 898 casos; Veracruz, con 499; Tabasco, con 440; Sinaloa, con 439; y Baja California Sur, con 178. En cuanto a casos graves, Sinaloa lidera con 30, seguido por Veracruz y Sonora con 13 cada uno.
El dengue es una enfermedad transmitida por la picadura del mosquito Aedes aegypti, que afecta a personas de todas las edades. Su comportamiento es estacional: en el hemisferio Norte, donde se encuentra México, los casos suelen concentrarse en la segunda mitad del año, aunque en 2026 ya se observa un aumento significativo en la primera mitad.
Los síntomas del dengue incluyen fiebre, dolor detrás de los ojos, malestar general, dolores musculares y articulares, enrojecimiento de la piel, náuseas, vómitos y pérdida del apetito. En casos graves, la enfermedad puede evolucionar hacia un choque, dificultad respiratoria o daño severo en órganos, lo que explica las muertes registradas.
No existe un tratamiento específico para el dengue; el manejo clínico se enfoca en aliviar los síntomas mediante reposo, hidratación y paracetamol para la fiebre. Se desaconseja la automedicación, especialmente con aspirina o antiinflamatorios no esteroideos, debido al riesgo de hemorragias y complicaciones en niños.
Las autoridades federales insisten en la importancia de eliminar criaderos de mosquitos para frenar la propagación. El especialista Kershenobich Stalnikowitz enfatizó la necesidad de “lavar los sitios donde se acumula agua, tapar recipientes, tirar o voltear objetos que puedan retener agua, deshierbar y descacharrizar patios, evitando especialmente llantas que son focos de reproducción del mosquito”.
Este llamado cobra especial relevancia en un contexto donde la salud pública enfrenta múltiples retos, y donde la prevención comunitaria se vuelve clave para evitar que el dengue siga cobrando vidas. En paralelo, la inversión en infraestructura pública, como sistemas de transporte que reduzcan la movilidad en zonas vulnerables, podría contribuir indirectamente a mejorar las condiciones sanitarias y ambientales.
El aumento de casos de dengue en 2026 subraya la urgencia de políticas públicas integrales que combinen vigilancia epidemiológica, educación ciudadana y acciones concretas para controlar al vector, en un país donde las desigualdades sociales y ambientales siguen siendo un factor determinante en la salud colectiva.





