La Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) confirmó que en 2026 comenzará la acuñación de una nueva versión de la moneda de 10 pesos, que convivirá con las piezas actuales sin perder su valor ni poder liberatorio. Esta actualización, publicada inicialmente el 19 de enero de 2026 en el Diario Oficial de la Federación (DOF), implica un cambio en el material del núcleo de la moneda, sin alterar su diseño ni características visibles.
Actualmente, el centro de la moneda está fabricado con alpaca plateada, una aleación de cobre, níquel y zinc. Sin embargo, a partir de la resolución emitida el 13 de julio de 2026 por la SHCP, la Casa de Moneda de México utilizará acero recubierto de níquel para esta parte. Esta decisión fue aprobada por la Junta de Gobierno del Banco de México (Banxico) en su sesión del 27 de febrero de 2026, con el objetivo de modernizar el proceso de acuñación y facilitar la identificación de las monedas en cajeros automáticos y máquinas expendedoras, gracias a las propiedades magnéticas del nuevo material.
Aunque el cambio es técnico, especialistas advierten que las nuevas monedas podrían presentar diferencias en peso, textura y sonido, además de un riesgo potencial de oxidación si el recubrimiento de níquel se deteriora. No obstante, el diseño seguirá siendo el mismo: un anillo perimetral dorado, diámetro de 28 milímetros, canto estriado y el reverso con la imagen de Tonatiuh en la Piedra del Sol, símbolos que millones de mexicanos reconocen y valoran.
La SHCP aclaró que no será necesario cambiar las monedas actuales, pues ambas versiones tendrán el mismo valor y podrán usarse indistintamente hasta que Banxico decida su retiro gradual, proceso que suele ocurrir conforme las piezas se desgastan por el uso cotidiano. Así, durante un tiempo indeterminado, las monedas de 10 pesos fabricadas con alpaca plateada y las nuevas de acero recubierto circularán simultáneamente.
Este tipo de actualizaciones en la moneda nacional no solo responden a necesidades técnicas, sino que también reflejan la importancia de mantener sistemas de pago accesibles y funcionales para toda la población. En un contexto donde la inclusión financiera y la modernización del sistema monetario son prioritarios, la transición hacia materiales más eficientes puede considerarse un paso positivo, siempre que se garantice la transparencia y la continuidad en el uso de la moneda.
En un país donde la economía informal y el efectivo siguen siendo predominantes, la coexistencia de ambas versiones de la moneda de 10 pesos asegura que no se generen barreras para la ciudadanía, evitando la exclusión de sectores vulnerables que dependen del efectivo para sus transacciones diarias. Así, la actualización técnica se alinea con un enfoque social que prioriza la equidad y la accesibilidad en el sistema financiero mexicano.





