La FIFA abrió una investigación para determinar si los jugadores de la selección argentina infringieron las normas al exhibir una pancarta con el mensaje “Las Malvinas son argentinas” después de su victoria en la semifinal del Mundial 2026 contra Inglaterra, celebrada el pasado miércoles en Atlanta.
El gesto, que se produjo en medio de una remontada que terminó con un marcador de 2-1 a favor de Argentina, desató una nueva controversia diplomática entre Buenos Aires y Londres. El gobierno británico solicitó formalmente a la FIFA que investigue las celebraciones, argumentando que el mensaje vulnera las reglas que prohíben expresiones políticas en el ámbito deportivo.
Un portavoz del máximo organismo del fútbol mundial señaló que el Comité Disciplinario independiente está evaluando los informes del partido y las circunstancias para decidir si procede alguna sanción. Esta no es la primera vez que la FIFA sanciona a la Asociación del Fútbol Argentino (AFA) por un caso similar: en 2014, tras un partido amistoso contra Eslovenia, la AFA fue multada con 39 mil dólares por exhibir la misma pancarta.
El artículo 34.3 del reglamento de la FIFA prohíbe expresamente que jugadores muestren mensajes políticos antes, durante o después de los encuentros. Sin embargo, durante todo este Mundial, los aficionados argentinos han coreado cánticos que hacen referencia a las islas Malvinas, reflejando un reclamo histórico que se remonta a décadas de disputa territorial.
Ayer por la mañana, la oficina del primer ministro británico, Keir Starmer, respaldó la investigación y reiteró la postura oficial del Reino Unido, que sostiene que la autodeterminación corresponde a los habitantes de las islas y que su compromiso con la soberanía de las Malvinas es inquebrantable. Un portavoz de Downing Street afirmó: “Puede que la Copa del Mundo no sea nuestra, pero las islas Malvinas sin duda lo son”.
Las tensiones entre ambos países tienen raíces profundas, con un conflicto armado en 1982 que dejó 649 muertos argentinos y 255 británicos. La distancia geográfica entre las islas y ambos países —13 mil kilómetros de Reino Unido y 480 de Argentina— no ha disminuido la intensidad del reclamo argentino, que se mantiene vigente en la política y la sociedad.
Simon Weston, veterano británico de la guerra, criticó duramente la acción de los jugadores argentinos, calificándola de “falta de madurez y profesionalismo” y lamentó que el gesto haya “devaluado” la victoria deportiva. En contraste, el presidente argentino Javier Milei defendió la expresión como “válida y lícita”, aunque pidió separar el acto de la disputa diplomática.
“Un partido de fútbol es un partido de fútbol”, declaró Milei en entrevista con radio El Observador, recordando que tanto el entrenador Lionel Scaloni como veteranos de la guerra habían pedido mantener el foco en el deporte. “Las Malvinas son argentinas, las vamos a recuperar y lo vamos a hacer en el plano diplomático”, añadió.
El centro de excombatientes Islas Malvinas de La Plata también expresó su apoyo a la selección: “Gracias jugadores, cuerpo técnico y colaboradores. Las Malvinas son argentinas, como ustedes”.
La pancarta fue elaborada por un grupo de aficionados en Buenos Aires, quienes la pintaron en una sábana de hotel y la introdujeron clandestinamente al estadio. Al final del partido, la arrojaron al campo envuelta en una botella de plástico, donde fue tomada por el jugador Giovani Lo Celso y desplegada ante las cámaras.
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