Casi medio año ha transcurrido desde que comenzaron los ataques atribuidos al llamado tirador de la Atlixcáyotl en Puebla, y la incertidumbre persiste. A pesar de que la víctima número 10 habría manifestado su intención de presentar denuncia formal, la Fiscalía General del Estado (FGE) no ha recibido ninguna nueva denuncia oficial, confirmó este viernes 19 de junio Alfredo Erazo, fiscal especial en alta incidencia delictiva.
Desde el primer ataque registrado el 12 de enero, cuando un menor de 12 años fue herido por un disparo en la mandíbula al descender de una camioneta, hasta el más reciente caso reportado hoy en Plaza W, suman 11 incidentes relacionados con este fenómeno que mantiene en vilo a la zona. Sin embargo, solo seis de estos casos han derivado en denuncias formales ante la FGE.
La falta de avances concretos en las investigaciones ha generado preocupación entre expertos y ciudadanos. Jonathan Sánchez Vargas, maestro en Criminología, advierte que la aparente dilación alimenta la percepción de impunidad y refleja una posible ausencia de estrategias de inteligencia efectivas por parte de las autoridades.
Los ataques han ocurrido en puntos estratégicos de la Vía Atlixcáyotl, desde el Hotel Camino Real en febrero, hasta la zona de Cúmulo de Virgo en abril, y las Torres JV en mayo, donde se registraron múltiples agresiones en días consecutivos. En junio, un Ford Mustang modelo 1975 fue alcanzado por un proyectil cerca del Tecnológico de Monterrey, y la madrugada del 16 de junio un médico se convirtió en la décima víctima, siendo la sexta persona en presentar denuncia formal.
Las autoridades estatales y municipales han reforzado la vigilancia en la zona y desplegado diligencias para localizar al responsable o responsables, sin que hasta ahora se haya logrado detener a nadie ni esclarecer si se trata de un solo agresor, una mujer, un hombre o un grupo.
El secretario de Seguridad Pública estatal, Francisco Sánchez González, informó el 2 de junio que el tirador habría comenzado usando balines y luego un arma de fuego calibre nueve milímetros, y planteó la hipótesis de que los ataques podrían originarse desde algún edificio cercano.
Este caso pone en evidencia no solo la vulnerabilidad de la seguridad en una de las avenidas más transitadas y emblemáticas de Puebla, sino también la necesidad de fortalecer mecanismos de denuncia y respuesta inmediata para evitar que la impunidad siga siendo el principal aliado de la violencia urbana. Mientras tanto, la ciudadanía permanece en alerta, esperando que las autoridades cumplan con su responsabilidad de garantizar la seguridad y justicia.





