La celebración por la victoria del Paris Saint-Germain (PSG) sobre el Arsenal en la final de la Liga de Campeones, ocurrida la madrugada del domingo 31 de mayo de 2026, derivó en graves disturbios en París y otras ciudades francesas, dejando un saldo de un muerto, cientos de detenidos y decenas de heridos, incluidos 57 agentes de policía.
Según reportes de medios locales y autoridades, alrededor de 20 mil aficionados se congregaron en los Campos Elíseos para festejar el triunfo, pero la fiesta se tornó violenta con enfrentamientos contra las fuerzas de seguridad. El ministro del Interior, Laurent Nuñez, informó que a la 1:30 de la madrugada del 31 de mayo ya se habían registrado 416 detenciones en todo el país, de las cuales 283 ocurrieron en París. Al cierre de la jornada, la cifra total de arrestos ascendió a 780.
Los disturbios no se limitaron a la capital francesa; se reportaron altercados en al menos quince ciudades, con especial incidencia en Rennes, Estrasburgo, Clermont-Ferrand y Grenoble. En París, los incidentes incluso bloquearon temporalmente un tramo de la principal vía de circunvalación.
Este episodio recuerda los graves desórdenes ocurridos el año pasado tras la primera victoria del PSG en la Champions, cuando dos personas murieron y casi 200 resultaron heridas, entre ellas un policía que permanece en coma. En aquella ocasión, solo en París se contabilizaron 500 detenciones.
Para evitar la repetición de estos hechos, las autoridades francesas desplegaron un operativo de seguridad reforzado con 22 mil policías y gendarmes en todo el país, de los cuales 8 mil estuvieron concentrados en París y su área metropolitana. A pesar de estas medidas, la violencia se desbordó, evidenciando la persistente dificultad para controlar las manifestaciones masivas en un contexto de fervor deportivo.
Estos sucesos plantean nuevamente la necesidad de un enfoque integral que combine seguridad pública con políticas sociales que atiendan las causas profundas de la violencia urbana, en un país donde las tensiones sociales y la desigualdad siguen siendo un desafío latente.





