El secretario de Salud, David Kershenobich, confirmó este martes 21 de julio que en México se han registrado tres casos de Cyclospora cayetanensis, parásito causante de la llamada “diarrea explosiva”. Sin embargo, aclaró que estos casos son “habituales” y no representan un brote epidemiológico, a diferencia de lo que ocurre en Estados Unidos, donde se han confirmado al menos mil 645 casos sin defunciones asociadas.
Durante la conferencia matutina, Kershenobich enfatizó que “en México ha habido tres casos de ciclospora nada más y esos casos son habituales, no se sale de epidemiología común y corriente. No tenemos un brote de ciclospora, por lo tanto”. No se precisaron las fechas ni los estados donde se presentaron los casos, aunque se informó que los pacientes se encuentran en recuperación.
La Cyclospora es una infección intestinal que provoca diarrea líquida persistente, cólicos severos, fatiga extrema y pérdida de peso. Aunque no existe vacuna, el tratamiento con antibióticos suele ser efectivo y evita complicaciones graves.
En el contexto internacional, la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA) vinculó inicialmente el brote a lechugas procedentes de Guanajuato, México, pero esta prueba resultó ser un falso positivo. Ante ello, las autoridades sanitarias mexicanas emprendieron una investigación propia, visitando la empresa involucrada para tomar muestras y recabar información. Hasta ahora, no se ha encontrado evidencia que confirme que la contaminación provenga de ese estado.
Especialistas recomiendan a la población evitar el consumo de ensaladas empaquetadas en zonas de alta incidencia y mantener una higiene rigurosa en frutas y verduras, especialmente la lechuga. También aconsejan acudir al médico ante episodios de diarrea persistente.
Este caso pone en relieve la importancia de fortalecer los sistemas de vigilancia epidemiológica y la cooperación internacional para evitar alarmas infundadas que puedan afectar sectores productivos, como el agrícola, y la salud pública. En un país donde la diversidad alimentaria y la producción local son pilares económicos, la transparencia y la investigación rigurosa son esenciales para proteger tanto a consumidores como a productores.





