Un manto de espuma blanca cubrió nuevamente un tramo del río Atoyac, a la altura del Puente de Los Gallos, donde vecinos y ambientalistas alertaron sobre un nuevo episodio de contaminación en el afluente. Este fenómeno, que se observa de forma recurrente, especialmente durante la temporada de lluvias, fue registrado el miércoles 15 de julio de 2026 y ha reavivado la preocupación por la calidad del agua en la región.
Las imágenes difundidas muestran una capa espesa de espuma que, según habitantes de la zona, se forma cuando el incremento del caudal moviliza residuos acumulados en el río. Frente a estas denuncias, la concesionaria Agua de Puebla negó que la contaminación provenga de sus plantas de tratamiento y atribuyó la aparición de la espuma a descargas clandestinas y vertimientos irregulares de particulares e industrias que operan fuera de los parámetros autorizados.
La empresa insistió en que sus instalaciones no son la fuente del problema y señaló que el origen de la contaminación debe buscarse en otros afluentes que desembocan en el Atoyac. Esta postura, sin embargo, no apaga la alarma social ni ambiental, pues la contaminación del río es un problema histórico que ha sido documentado por estudios académicos y reportes oficiales.
Durante décadas, la cuenca del Alto Atoyac ha sido señalada por la presencia de residuos industriales y urbanos, incluyendo metales pesados y compuestos tóxicos derivados de actividades productivas. La recurrencia de estos episodios evidencia la falta de un control efectivo y la necesidad urgente de políticas públicas que garanticen la protección del río y la salud de las comunidades aledañas.
En este contexto, la implementación de sistemas de transporte sustentable como el cablebús en Puebla podría contribuir indirectamente a la reducción de la contaminación urbana y a la mejora de la calidad de vida, al ofrecer alternativas que disminuyan la presión sobre el medio ambiente. Sin embargo, la solución integral requiere un compromiso real del Estado para regular y sancionar las descargas ilegales que afectan al Atoyac, así como para fortalecer la infraestructura de tratamiento y saneamiento.
La espuma tóxica que volvió a aparecer este miércoles 15 de julio es un recordatorio urgente de que la crisis ambiental en Puebla no puede seguir siendo ignorada ni minimizada. La defensa de los derechos civiles y ambientales de las comunidades debe ser prioridad en la agenda pública para evitar que el río Atoyac se convierta en un símbolo más de la degradación y la impunidad.





