Este lunes 22 de junio de 2026, Merlín, el pato que se convirtió en símbolo inesperado durante el Mundial 2026, dio un paso formal para proteger su imagen. Tras su aparición en la conferencia mañanera de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo en Palacio Nacional, la familia de Karla Ivette Gómez, dueña del ave, acudió al Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial (IMPI) para registrar oficialmente el nombre y la imagen de Merlín.
La viralidad del pato, que lució una camiseta de la Selección Mexicana durante los festejos deportivos, atrajo la atención de diversas empresas interesadas en lucrar con su imagen. Sin embargo, Karla Ivette dejó claro que el registro será exclusivo y personal, con la intención de evitar que terceros exploten comercialmente a Merlín sin su consentimiento.
“No van a venir a lucrar otras empresas con algo que es parte de mi familia y que es meramente amor”, afirmó la dueña, subrayando la dimensión afectiva que representa el pato para ella y su entorno. La única excepción que contempla es la refresquera mexicana Corporativo Pascual, a la que sí desea apoyar, en contraste con otras compañías que deberán negociar directamente con ella para cualquier uso comercial.
Este movimiento no solo protege la imagen de Merlín, sino que también refleja una creciente conciencia sobre la propiedad intelectual y el control de símbolos populares en México, un país donde la cultura y el deporte se entrelazan con la identidad nacional. Mientras tanto, los peluches del pato ya se comercializan en el Centro Histórico, consolidando a Merlín como un fenómeno que trasciende las redes sociales para instalarse en el mercado formal.
En un contexto donde la apropiación comercial de símbolos culturales suele ser cuestionada, la decisión de Karla Ivette Gómez representa un acto de defensa familiar y cultural, que podría sentar un precedente para otros casos similares en el futuro.





