La startup Joi lanzó una convocatoria para contratar a 10 personas como “consultores de masturbación” y pagarles 2,000 dólares mensuales durante un estudio de cuatro semanas que comenzó este mayo de 2026. El objetivo es probar una función de “masturbación guiada diaria” potenciada por chatbots de inteligencia artificial (IA) y medir sus efectos en el estrés, el sueño y el estado de ánimo.
Esta iniciativa, que ha generado un impacto mediático inmediato con más de 16.7 millones de visualizaciones en la publicación original, revela hasta qué punto la IA se está expandiendo en el terreno del contenido para adultos y las relaciones afectivas mediadas por tecnología. Joi, plataforma que aloja numerosos chatbots en línea, muchos de ellos femeninos y con poca vestimenta, abrió esta oferta sin requerir referencias y dirigida a personas de todos los géneros.
Desde su presentación en enero de 2026, Joi se ha posicionado como una plataforma que busca responder a la soledad mediante compañeros conversacionales impulsados por IA, algunos basados en mujeres reales, incluidas actrices de cine para adultos y modelos. La empresa sostiene que las aplicaciones de acompañamiento con IA crecieron un 700% en tres años, vinculando este fenómeno con el aislamiento social: “Casi uno de cada cuatro hombres jóvenes en Estados Unidos afirma sentirse solo a diario. Las aplicaciones no son la enfermedad. Son el síntoma que podemos identificar”, señalaron.
Sin embargo, esta tendencia suscita debates y reservas. Expertos advierten que se requiere más investigación para determinar si estos compañeros de IA pueden aliviar realmente la soledad humana. Además, persisten preocupaciones sobre el posible desplazamiento de creadores de contenido para adultos.
Un análisis publicado en Elsevier destaca tanto potencialidades como riesgos en las relaciones románticas con compañeros de IA. Entre los beneficios se encuentran el crecimiento personal, la conexión emocional, el apoyo social percibido, la personalización, la posibilidad de construir una conexión sexual y una vía para aliviar el estrés. Pero también se identifican peligros como la dependencia excesiva, la manipulación, el estigma, el uso indebido de datos personales, el deterioro de relaciones humanas y la perpetuación de prejuicios.
Otros riesgos incluyen la pérdida de conexión emocional por fallos técnicos o actualizaciones abruptas, la incomodidad del “valle inquietante” y la preocupación por la coacción para responder o la exposición prematura a contenido sexual.
Este experimento de Joi no solo pone en evidencia la creciente intersección entre tecnología y sexualidad, sino que también plantea preguntas profundas sobre el papel del Estado y la sociedad en la regulación y acompañamiento de estas nuevas formas de interacción humana mediadas por inteligencia artificial.




