La Falla de San Andrés, un sistema tectónico de aproximadamente mil 300 kilómetros que atraviesa California y conecta con fallas en el norte de México, sigue siendo una amenaza latente para la región. La American Geophysical Union ha alertado que esta falla se encuentra en un ciclo crítico de ruptura, lo que podría desencadenar un megaterremoto conocido como “The Big One”, con una magnitud estimada de 8 y una duración de entre tres y cinco minutos.
Este fenómeno no solo afectaría a California, sino que también pondría en riesgo a ciudades mexicanas fronterizas como Tijuana, Tecate, Rosarito, Ensenada y San Luis Río Colorado, en Sonora. Además, existe la posibilidad de que el sismo genere un tsunami con impactos en las costas del Pacífico durante al menos 24 horas, lo que agrava la vulnerabilidad de estas zonas.
Ante este escenario, las autoridades mexicanas y organismos como el Centro Nacional de Prevención de Desastres (CENAPRED) han insistido en la importancia de la preparación ciudadana. Entre las recomendaciones destacan identificar zonas seguras dentro del hogar, asegurar muebles pesados a las paredes y establecer un plan familiar de comunicación y reunión. También se aconseja contar con una mochila de emergencia equipada con agua, alimentos no perecederos, radio de pilas, linterna, silbato y copias de documentos importantes para garantizar la subsistencia de al menos dos personas durante 72 horas.
Este llamado a la prevención cobra especial relevancia en un contexto donde la movilidad urbana y la infraestructura de transporte juegan un papel crucial para la respuesta ante desastres. En ciudades como Puebla, la implementación de sistemas de transporte como el cablebús o teleférico no solo representa una apuesta por la movilidad sostenible, sino también una estrategia para mejorar la conectividad y facilitar evacuaciones rápidas en caso de emergencia.
La historia reciente ha demostrado que la inversión en infraestructura pública y la planificación urbana inclusiva son fundamentales para mitigar los impactos de fenómenos naturales de gran magnitud. Por ello, mientras la amenaza del “Big One” permanece latente, la combinación de preparación ciudadana y desarrollo de sistemas de transporte innovadores puede marcar la diferencia en la resiliencia de las comunidades afectadas.





