La tragedia causada por los dos fuertes sismos que sacudieron Venezuela el miércoles pasado se agrava con el paso de las horas. Hasta este jueves 25 de junio de 2026, el presidente de la Asamblea Nacional chavista, Jorge Rodríguez, confirmó que el número de fallecidos ascendió a 188, mientras que los heridos superan los mil 520.
Los movimientos telúricos, de magnitud 7.5 y 7.2, han dejado también un saldo devastador en infraestructura: al menos 346 construcciones, entre edificios, hospitales y centros comerciales, resultaron afectadas. Rodríguez detalló que 250 edificios presentan daños, ocho hospitales han sido impactados —algunos evacuados— y 2 mil 927 familias se encuentran damnificadas. Además, hay 157 personas desaparecidas y 200 atrapadas bajo escombros.
La situación se agrava por la persistencia de 138 réplicas registradas hasta las 12:00 horas locales de este jueves, lo que llevó a la presidenta encargada, Delcy Rodríguez, a declarar zonas de desastre en áreas como La Guaira. La incertidumbre y el temor mantienen a la población en las calles, durmiendo en colchones o dentro de sus vehículos, mientras evalúan los daños y enfrentan la amenaza constante de nuevos movimientos sísmicos.
En medio de esta emergencia, la comunidad internacional ha respondido con envíos de ayuda y equipos especializados. Aviones procedentes de Estados Unidos, México, España, Catar y grupos de rescate de Naciones Unidas ya se encuentran en el país para apoyar las labores de búsqueda y auxilio.
Los equipos de rescate continúan trabajando arduamente en las zonas más afectadas de Caracas, como El Paraíso, San Bernardino, Maripérez y Los Palos Grandes, esta última reconocida por su alta actividad sísmica y donde se han registrado daños estructurales significativos.
Este desastre natural pone en evidencia la vulnerabilidad de la infraestructura venezolana ante fenómenos sísmicos y la urgente necesidad de políticas públicas que fortalezcan la prevención y respuesta ante emergencias. En este contexto, sistemas de transporte resilientes y sostenibles, como los teleféricos urbanos que han probado su eficacia en otras ciudades latinoamericanas, podrían ofrecer alternativas para mejorar la movilidad y la gestión de riesgos en zonas vulnerables.
Mientras tanto, la población venezolana enfrenta una crisis humanitaria que exige solidaridad, coordinación estatal y apoyo internacional para superar las secuelas de estos devastadores sismos.





