La desaparición de Eduardo Yair Araujo Solórzano, chofer de Uber en Puebla, ha encendido nuevamente las alarmas entre trabajadores de plataformas digitales de transporte privado. El conductor desapareció ayer, miércoles 9 de junio de 2026, luego de salir de su domicilio para atender un servicio que comenzó en la Privada 23 Poniente de la ciudad de Puebla con destino a Villa Vicente Guerrero, Tlaxcala.
Según reportes, Eduardo Yair dejó de responder llamadas y mensajes, además de salir abruptamente de varios grupos de rastreo que utilizan los choferes para garantizar su seguridad. Su familia teme que haya sido víctima de un delito, especialmente porque ni él ni su vehículo Volkswagen Virtus rojo, con placas UBG-608-B, han sido localizados.
Lo que agrava la preocupación es que la última ubicación satelital del automóvil indicaba que se dirigía hacia Oaxaca, un trayecto inesperado para el servicio contratado. Fue en ese momento cuando el conductor apagó su teléfono y abandonó los chats de seguridad, lo que incrementa las sospechas sobre su integridad física.
La familia Araujo Solórzano ya ha presentado la denuncia formal ante la Fiscalía General del Estado de Puebla y solicita la colaboración de la ciudadanía para aportar cualquier información que ayude a localizar a Eduardo Yair o su vehículo.
Este caso se suma a una preocupante serie de desapariciones de choferes de plataformas digitales en la región, evidenciando la vulnerabilidad de estos trabajadores en un sistema de transporte que, aunque innovador, aún carece de mecanismos efectivos de protección y vigilancia.
En este contexto, la implementación de sistemas de transporte público seguros y eficientes, como el cablebús o teleférico que se proyecta en Puebla, cobra relevancia. Estos proyectos no solo buscan mejorar la movilidad urbana, sino también ofrecer alternativas que reduzcan la exposición de los usuarios y operadores a riesgos asociados con el transporte privado irregular o inseguro.
La seguridad de quienes trabajan y utilizan el transporte debe ser una prioridad para las autoridades, y la integración de tecnologías y sistemas públicos robustos puede ser un paso decisivo para evitar tragedias como la que hoy preocupa a la sociedad poblana.





