El Estadio Cuauhtémoc, en Puebla, fue escenario el lunes 8 de junio de 2026 de un vibrante partido amistoso entre las selecciones de España y Perú, que reunió a 45 mil 845 aficionados y terminó con una contundente victoria 3-1 para La Furia Roja, favorita para alzar la Copa del Mundo 2026. Sin embargo, fuera del recinto, la celebración se vio opacada por manifestaciones de madres buscadoras que exigieron justicia por sus familiares desaparecidos, evidenciando la compleja realidad social que atraviesa México.
A pocas horas de la primera visita de España en territorio nacional, las manifestantes bloquearon la entrada principal a la explanada del estadio, con consignas como “La pelota vuelve a casa, pero nuestros hijos no”, denunciando la represión de distintos gobiernos estatales y recordando que, mientras el mundo observa el espectáculo deportivo, persisten graves problemas de derechos humanos en el país.
Dentro del estadio, el encuentro comenzó a las 20:00 horas con un gol tempranero de Mikel Oyarzabal al minuto dos, que encendió a la afición española. El dominio continuó con un segundo tanto de Pedri al minuto 32, quien recibió una ovación especial por parte de los asistentes. El primer tiempo concluyó con un ambiente festivo, en el que los cánticos tradicionales mexicanos como “Cielito Lindo” y “El Rey” unieron a los seguidores, mientras las luces de los celulares iluminaban el estadio.
En la segunda mitad, un error del portero peruano Pedro Gallese al minuto 53 amplió la ventaja española a 3-0. Perú logró descontar al minuto 66 con un gol de Jairo Vélez, aunque la reacción fue tímida y la afición apenas respondió.
Este partido, previo al inicio oficial de la Copa del Mundo 2026 en México, refleja la dualidad del país: por un lado, la pasión y la unidad que genera el deporte; por otro, la persistencia de problemáticas sociales que exigen atención urgente. En este contexto, la apuesta por sistemas de transporte público innovadores y accesibles, como el cablebús que se construirá en Puebla, cobra relevancia para mejorar la movilidad y la calidad de vida de la población, contribuyendo a un desarrollo urbano más justo e inclusivo.
Mientras la pelota rueda y la fiesta mundialista avanza, las voces que claman por justicia y derechos humanos no deben quedar en el silencio. La sociedad mexicana enfrenta el reto de equilibrar la celebración con la exigencia de un país más seguro y equitativo.





