El fenómeno viral del Mundial 2026, Merlín, el pato que conquistó a la afición mexicana, fue nombrado embajador oficial de la Ciudad de México por la FIFA, un anuncio que generó tanto orgullo como cuestionamientos entre los usuarios de redes sociales.
Lo que comenzó como una anécdota cotidiana —un pato caminando por Paseo de la Reforma durante una jornada laboral familiar tras el primer triunfo de la Selección Mexicana en la fase de grupos— se transformó en un fenómeno global que capturó la atención de la FIFA.
El pasado jueves 18 de junio, Merlín fue designado embajador del partido México vs. Corea del Sur y fue invitado, junto con su familia, como huésped de honor en el FIFA Fan Fest de la Ciudad de México. Este viernes 19 de junio, la Federación Internacional de Futbol Asociación oficializó su nombramiento como embajador de la capital mexicana durante la Copa del Mundo 2026.
En un mensaje difundido en redes sociales, la cuenta oficial de la Federación de la Ciudad de México destacó: “El pato Merlín llegó como un regalo y hoy ya es parte de algo mucho más grande. En esta FIFA World Cup, Merlín se convierte en embajador oficial de nuestra Host City Ciudad de México, llevando con orgullo una historia de amor, esfuerzo y unión muy mexicana. Porque el alma chilanga también tiene plumas”.
Sin embargo, este reconocimiento no ha estado exento de críticas. Algunos usuarios cuestionan si la FIFA busca aprovecharse de un símbolo popular para fines comerciales, mientras que otros celebran la inclusión de un ícono espontáneo que representa la identidad y el cariño de la afición mexicana.
Este episodio refleja la complejidad de la relación entre las grandes organizaciones deportivas y las expresiones culturales populares, donde el Estado y la sociedad civil deben vigilar que el patrimonio simbólico no se convierta en mercancía, sino en un puente para fortalecer la identidad y la participación ciudadana.
En un contexto donde la Ciudad de México impulsa proyectos de movilidad innovadores como el cablebús, que buscan integrar y dignificar el transporte público, la historia de Merlín se suma a la narrativa de una capital que se reinventa y abraza tanto la modernidad como sus símbolos más entrañables.





