La presidenta de México, Claudia Sheinbaum, aún no confirma si asistirá al Zócalo capitalino para ver el partido inaugural del Mundial el próximo jueves 11 de junio, debido a la amenaza de protestas por parte de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) y otros colectivos sociales.
En su conferencia de prensa matutina de este martes 9 de junio, Sheinbaum declaró que evaluará “cómo se desarrolla lo que está ocurriendo con los maestros y algunos otros grupos” antes de decidir si permanece en Palacio Nacional o se une a la multitud en la plancha del Zócalo. La mandataria había anunciado previamente que regalaría su entrada para la inauguración a una niña, lo que reforzaba su intención de asistir al evento público.
El contexto es delicado: mientras que los familiares de desaparecidos han confirmado una marcha para el día de la inauguración, el Gobierno está especialmente preocupado por la CNTE, cuyo número y capacidad de movilización representan un desafío para la seguridad y el orden durante la celebración.
Este escenario pone en evidencia la tensión entre el Gobierno y los movimientos sociales que buscan visibilizar sus demandas en un momento de alta atención mediática nacional e internacional, con cientos de periodistas, miles de turistas y millones de espectadores conectados a través de la televisión y redes sociales.
La incertidumbre sobre la presencia de Sheinbaum en el Zócalo refleja la complejidad política que atraviesa el país, donde la protesta social se cruza con eventos de gran impacto simbólico y mediático. En este contexto, la decisión de la presidenta será observada como un indicador de su capacidad para equilibrar la gobernabilidad con el respeto a las expresiones ciudadanas.
La inauguración del Mundial, además de ser un evento deportivo, se convierte así en un escenario donde se juegan también las tensiones sociales y políticas que marcan la agenda nacional.





